La voz anónima de lo que se está diciendo siempre: ¡Ah que muerte tan fea!
¿Qué sería de los periódicos sin los lectores? ¿Qué sería de los lectores sin información periodística? Esa perpetuidad necesaria nos hace, a los medios, informar y al lector a informarse. ¿Y qué hace a una noticia, noticia? La objetividad de saber algo de interés, teniendo en cuenta la gran subjetividad del público, que se divide entre lo que para unos es la noticia y para otros es un chisme.
Antes se argumentaba que la noticia no era que el perro mordió al niño, sino que el niño mordió al perro… La realidad nos rebasa, en el lejano oriente tienen hábitos alimenticios sui géneris, lo que comen está vivo, respira, y la verdad eso ya no espanta. Lo de hoy es algo más particular e inmediato, la nota nacional es tomada en cuenta siempre y cuando alimente directamente el morbo personal o sea una desgracia (que igual alimenta el morbo) en cualquier campo: social, político o económico, y para muestra van tres ejemplos: la muerte de los pequeños en la guardería del norte del país, la influenza y su repercusión política en el extranjero o esta crisis que, en sus diferentes aristas, siempre es noticia.
No obstante la nota local debe ser, digamos en término de equilibrio, igual de impactante, y por lo regular las notas que acaparan este escenario son las que se enmarcan dentro de la llamada nota roja: detenidos, desmanes públicos, suicidios, asesinatos, percances automovilísticos (si hay muertos hay nota), etc. Y a todo esto, ¿cree que el interés fraguado hacía estos asuntos de nota roja es algo que tiene que ver con la cultura? ¿Usted qué opina?
Lo que es cierto por ser una realidad, es la gran cantidad de suplementos que se venden teniendo como foco principal un muerto o varios, ya sea por accidente, por suicidio, asesinato. Es el gran tema que no se agota, la muerte tan corriente que es (porque diario sucede y nadie se libra) adquiere una connotación monetaria, es lo que hace rentable a un diario o noticiero o revista.
Y es que si lo analizamos bien, no es la muerte lo que vende, es la forma de cómo llega ésta a algún desdichado, lo que despierta el morbo en la sociedad, en la mayoría. Y tras la muerte deviene esa parte denigrante tan difundida y ejercida: las fotos explicitas, crudas, la sangre, que en realidad lastiman e indignan a la familia del difunto, no hay respeto.
Entonces, el éxito de la nota roja radica en la forma de muerte, en la imagen gráfica y en la redacción de la nota, que por lo general es directa y cruda, se dirigen a la víctima sin un sentido de ética por lo que representa a su familia, además, por lo general son notas que carecen de sintaxis.
En el sentido noticioso, es decir, para los diarios que explotan la nota roja, la forma en cómo llega la muerte determinará el impacto de la noticia, traducido, a su vez, en los números de ediciones vendidas. Una muerte cruel y visualmente impresionante es igual a más dinero. Otro aspecto es la presentación del acontecimiento que en parte depende de la cabeza de la nota, por ejemplo: Le valieron sus chiquitos (nota de suicidio de madre soltera); Se acostó con la flaca (suicidio de un joven que tomo pastillas); Se durmió calientita (nota de mujer que muere por un incendió en su casa); Lo dejó su novio chotito y no aguantó vara (suicidio de un joven homosexual); Se echó una pestañita manejando y no lo contó (accidente carretero). Y la pregunta sería, ¿por qué se presenta una nota roja así? Pues por el segmento potencial del mercado que adquiere este tipo de diarios, amen de la gente que igualmente se identifica con ese tipo de lenguaje, y sumado a esto lo visual que representa un atractivo al morbo.
La nota roja, al final, no informa objetivamente, denigra al ser humano, alimenta el morbo y de alguna forma debe su éxito porque exhibe una respuesta parcial a la gran incógnita de lo que es o será morir de tal o cuál forma.
¿Será que me leen?
junio 13, 2009
Apuntes sobre el periodismo cultural
No es un género tradicional como lo suele ser el político, el económico o, incluso, el deportivo; el periodismo cultural es el género, digamos, más nuevo dentro del trabajo periodístico que vale la pena mencionar por el sólo hecho de ver como con los nuevos procesos de información decrece en importancia, a pesar de que es, por génesis, crítico, veraz y fundamentado en la creación y el conocimiento humano.
Habría que remontarnos un poco en el tiempo para analizar el por qué. Como se sabe, en México los reporteros nacieron desde el siglo XIX o desde 1805 con el primer periódico de México que llevo el nombre El Diario de México y allí comenzó el primer grupo, el grupo de la arcadia que empezó a publicar asuntos de cultura, reseñas literarias o reseñas teatrales, no estaba bien cimentado y las cosas se hacían de manera azarosa…
En ese mismo 1805 se trato de hacer periodismo cultural pero de una manera sistematizada, ordenada o digamos de una manera coordinada con los reporteros. En aquel entonces casi siempre que se tomaba la prensa cultural era para publicarse asuntos de interés particular, es decir, cuando a alguien le gustaba una obra de teatro y quería publicar algo sobre ésta, pues entonces el director le daba permiso para publicarlo pero no le pagaba porque se consideraba que esto se realizaba por mero gusto.
Sobra decir que en la actualidad esto no ha cambiado del todo, pues son pocos los periódicos que mantienen una sección cultural, y los que la tienen hacen uso de los reporteros de cultura para cubrir otras fuentes como sociales o educación, en fin. Creo que es buen momento para hacer un paréntesis y retomar el título de este texto, y es que cabe preguntarse si en realidad se lee la sección cultural, ¿se lee? (Si lo está haciendo en este momento, como mero ejercicio, le invito a enviarme un mail: gcoxon73@hotmail.com, o al mail: raciel_man@hotmail.com)
Pensemos que no se lee, en este escenario, deberíamos lamentarnos porque fuera de las columnas o editoriales, la sección cultural es un escaparate crítico, todo es cultura, vamos, el prefijo cultura está hasta en la sopa: cultura de la legalidad, cultura del voto, y una de mis favoritos, cultura de los huracanes (¿?).
La prensa cultural se está perdiendo, y puede ser por esa falta de interés de ambos lados: de la dirección editorial y de los mismo escritores o reporteros, ya que desde un principio nunca fue remunerada incluso se pensaba que muchos de los que publicaban le pagaban al director para poder ejercer su libertad creativa, y así se desarrollo la prensa cultural a lo largo de los años.
Se recuerda hemerograficamente que el primer diario que publicó una sección más o menos seria, casi todos lo días, fue el periódico El Día en donde muchas personas de mayor edad, sobre todo, publicaban sus gustos sobre cine, teatro, danza, esto lo hacían por amor al arte, de tal manera que la dirección se acostumbró¬¬ a verlos y a no pagarles.
De esta manera, el periodismo cultural comenzó siendo amateur, es decir, no profesional, se consideraba que las personas, aunque escribieran bien, no eran periodistas profesionales, porque lo elaboraban bajo su propio riesgo y gusto. Así comenzó el periodismo cultural moderno y su historia siempre ha sido motivo de exclusiones e inclusiones… Desde estas modestas líneas le invito a empaparse de lo que más le guste, cine, teatro, literatura, vamos, a interesarse en lo que brinda sin duda una mejor calidad de vida, la cultura. Y por cierto, este artículo va gratis.
De la Ausencia
junio 12, 2009
“La ausencia nos permite ser una isla”. Me dijo don Memo, tendero de la esquina por casa de mi madre. Viudo, con un hijo perdido, según él, en algún lugar de Europa de donde recibe postales porque eso de las computadoras no va con él (con el hijo). Viejo sabio que frecuento por las tardes de vez en vez por casualidad, mejor dicho por causalidad.
Pues bien, lo que dijo don Memo se me quedó tanto, imagino que tuvo que ver con mi estado de ánimo o este calor que me sumerge en un ahogo constante o todas esas noticias malas, no los sé; pero caminé hacia la casa pensando la ausencia como un estado de ánimo, como un momento en la vida (que pueden ser muchos) que te permite redefinir el sentido común de las cosas, de las comprensibles, y también para tratar de explicarte lo que no se puede, porque a veces es mejor dejar las cosas como están y como fueron.
Llegué a la casa cogí el diccionario, busque. El significado común de ausencia es no estar, pero particularmente fijé mi atención en dos definiciones anexas… Ausencia: Condición legal de la persona cuyo paradero se ignora. Y la Ausencia como esa supresión brusca, aunque pasajera, de la conciencia.
La primera me es imposible, a decir verdad debo trabajar y uno es ya esclavo de ese invento llamado móviles o celulares, unas maquinitas que forman parte de nuestra vestimenta, de lo cotidiano, nadie sale sin su celular, so pena, uno siempre está ahí sin estar, nadie escapa a ese ruidito (la canción preferida, melodías e incluso onomatopeyas, que de fondo anuncian la llamada entrante) es un imán al oído: “Bueno sí, sí él habla… estoy yendo…”.
Y pensar en suprimir pasajeramente mi conciencia me es más fácil, loco el asunto, pero me es sencillo porque simplemente me pongo en “automático”. Mi madre es quien sufre la mayor parte de éste mi estado efímero: “Hay hijo no se puede hablar contigo; sino estás en el condenado celular, tus ojos vuelan y la verdad no me escuchas. ¡Hey, te estoy hablando con un carajo!”
He llegado a pensar que es saludable ausentarse, irse así nomás, hacerlo como una práctica común sin importar donde se esté. Como lamento de lobo: aaauuuuusentarse, como placer de sexo al irse en el temblor satisfactorio, finalizar un beso y volver a besar; como el alcohol en la saliva; ausentarse en el baile demente de la música que suena y resuena, eterna. Llegar al final de la ausencia y regresar ausente, para entonces caer en la realidad y asumir ese sentido común que tanta falta nos hace, para soportar otra clase de ausencia: de legalidad, seguridad, de dinero…
En fin, pretendo seguir ausente un buen tiempo, para arreglar mis asuntos, para redirigir mi vida o de plano sumirme en una larga ausencia… En el clásico cuento de Ambroce Bierce, El puente sobre el río del búho, el condenado a muerte, Peyton Farquhar, piensa que escapa de la horca, después de hacer toda una travesía llega a su hogar, al momento que abraza a su amada el dogal hace lo suyo confinándolo a la muerte, fue una evasión, el protagonista del cuento se ausenta para tener ese momento añorado… Como sea, nunca podemos escapar del todo de la realidad.
Esta vida…
junio 5, 2009
Han sido días de loco. Muchas cosas, muchos apuros… Necesito vaciones, calmar mi vida. El futuro pinta un tanto gris si no hago lo correcto, y lo correcto me duele… Pienso en la vida como esa gran extensión de cosas y casos.
Uno de mis textos (Publicado en El Financiero)
mayo 18, 2009
Calle Lamar
Ya cae el sonido de tu prisa y arrastra cinco minutos de retraso
En la tarde de un ladrido muy largo que se va como ríos de alerta
El andar de zapatos miles me recorre por sus sombras y gime
Ya un carro ya una falda a cuadros y susurros que miran y maldicen
En nuestra misma calle tantas veces nombrada y roja en su lomo
Se refugia aquel tu ahogo lento que hace segundos me transita sombrío
Te encuentro al paso de una vieja vestida con el reloj del no mañana
Una mano se extiende buscando su vida y moneda sucia y esperanza
Arlequín con aros de fuego me encuentra y mira como si fuera todos
De noche el día se desdibuja en niño que sorbe ensueño solvente
Una enorme boca devora los restos de ceguera en un viejo ebrio
Y de esquina a esquina mujer y hombre cruzan aquello otrora deseo
Se aproximan cinco minutos de demora y pienso en la calle nunca sola
El poema que me ha perseguido la vida
mayo 16, 2009
Me gusta cuando callas porque estás como ausente
y te miro a lo lejos y mi voz no te toca
parece que los ojos se te hubiesen volado
parecer que un beso te cerrara la boca… Neruda
RACIEL MANRÍQUEZ
mayo 16, 2009

En la feria del libro
Lectura de algunos textos en la feria del libro…
Algo acerca de mi…
mayo 16, 2009
Escribo porque pienso acabarme las palabras…
Hola
mayo 16, 2009
Esta es mi nuevo y único blog, saludos a la banda…
